el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 21 de noviembre de 2017

OTRAS TRES CORTITAS

Luego de un finde largo de alta intensidad, vuelvo a encontrar un ratito para sentarme a escribir reseñas. En el pilón de libros editados en Argentina en 2017, aparecieron otros dos de 2016, que se me habían mezclado meses atrás. Empiezo por ahí.
Zacarías (y otras porquerías) es el primer tomito recopilatorio de la notable tira cómica de Alejandro Farías y Leo Sandler, que se publica hace mucho tiempo en varios medios (estuvo algunos años en el sitio web de Comiqueando). Zacarías tiene un punto de partida similar al de Toy Story, ya que Farías y Sandler nos cuentan la vida de un grupo de juguetes que interactúan entre sí, charlan y se divierten, y no dejan de lado el hecho de que estos juguetes son propiedad de distintos chicos, que cada tanto también aparecen en las tiras.
Las similaridades se terminan ahí. Acá no hay aventuras en las que los juguetes están todo el tiempo a punto de morir, o de ser vendidos a coleccionistas avechuchescos, sino que todo pasa por el humor, entendido en un sentido saludablemente amplio. La tira ofrece muchos chistes basados en juegos de palabras, pero también humor físico, humor absurdo y hasta chistes pensados para un público que ya hace varios años que dejó los Playmobil y los ositos de peluche. Y casi siempre es un humor eficaz, que da en el blanco y logra arrancarnos una sonrisa.
El dibujo de Sandler también nos muestra a un artista versátil, que se anima a alejarse de lo que mostró en trabajos anteriores. Sandler elige dibujar fondos sólo cuando aparecen los chicos, y emplea una gran variedad de técnicas, que incluyen fotos, dibujos tridimensionales, garabatos que parecen hechos por un nene de 7 años, etc. Pero lo más lindo llega cuando nos regala esa línea clara, suelta, amistosa, con mucha gracia, engañosamente simple, y la pone a jugar en tiras donde el timing de la comedia está invariablemente bien logrado. Lindísimo material.
Caronte es una historia de 34 páginas (formato complicado si los hay) con la que el sello Salamanca armó un librito que se lee muy rápido. La idea que se le ocurrió a Valentín Lerena para esta historieta es muy buena y la línea que baja está genial. El tema es que se podría haber contado lo mismo en muchas menos páginas (16, ponele) y el mensaje se habría transmitido con mayor efectividad. Incluso convertida en una historia de 16 páginas se podría haber incluído en una antología, en vez de editarla así, solita, en un librito tan finito y tan efímero… pero bueno, son decisiones… y aún así el resultado es muy interesante.
Termino con el Vol.41 de Super López, publicado en 2003 y titulado “El patio de tu casa es particular”. Acá el maestro Jan orquesta una disparatada comedia de enredos en base a “pliegues temporales” que conectan a una casa (convertida en guarida de dos de los villanos habituales de la serie) con distintas épocas de la historia española. A lo largo de 46 páginas, los personajes se desplazan en el tiempo casi sin desplazarse en el espacio, a medida que los pliegues los hacen materializarse en otros períodos históricos, por supuesto en tiempo y forma para verse involucrados en situaciones cómicas… o en situaciones trágicas tomadas para la joda por Jan. De las Cruzadas a la Guerra Civil, no hay época de la historia española que no le sirva al autor para abastecerse de recursos humorísticos y hacer que esta historia resulte impredecible y sumamente disfrutable.
De la calidad del dibujo ni tiene sentido hablar, así que me quedo con un último detalle, bastante actual a pesar de que el comic tiene casi 15 años: la reivindicación constante que manda Jan (con distintos grados de sutileza) de la identidad irreductible de la nación catalana. El creador de Super López milita desde siempre por la independencia de Cataluña y en esta historia, supuestamente cómica y supuestamente apuntada al público infanto-juvenil, algo de esa militancia se deja entrever entre las jocosas peripecias de este atípico superhéroe.
Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas. Si este finde estás en el Partido de La Costa, acercate a Santa Teresita, donde voy a estar junto a muchos autores grossísimos en La Costa Comic Con. ¡Nos vemos!

jueves, 16 de noviembre de 2017

ESSENTIAL UNCANNY X-MEN Vol.1

Había leído estas historias hace muchos, muchos años y las recordaba un poco peores de lo que las encontré esta vez. Por ahí porque las leí en paralelo con la mejor época, la de Chris Claremont pre-Inferno… Lo cierto es que esta vez me enganché un poco más con estas primeras historias de los X-Men originales.
Stan Lee tarda dos o tres números en encontrarle una voz a cada personaje. O sea que si lo que te atrae es la caracterización, hay que tener paciencia, pero no tanta. Las historias en sí… ninguna es demasiado brillante. En general, los finales son un poco precipitados, casi no hay ni tres viñetas entre que derrotan al villano y aparece el cartelito de “the end”. Poco a poco, Lee empieza a darle más aire a las historias, a animarse a contar cosas en dos o en tres números de la revista… lo cual era medio arriesgado, porque como vendía poco, X-Men era bimestral. No es que las tramas mejoren mucho al darles más páginas, pero por lo menos hay más variantes, menos acelerada al palo cuando se viene la página 22.
Los últimos números de este Essential ya tienen a Roy Thomas al frente de los guiones, y el único cambio notorio pasa por recurrir constantemente a villanos ya creados previamente, en esta serie o en otras. Está claro que a Thomas no le interesaba tanto deslumbrarnos con nuevas creaciones, sino darle cohesión y fuerza a la miríada de ideas que había despilfarrado su maestro a lo largo de los primeros años de vida de este universo en infinita expansión.
En este primer tramo de la serie vemos la primera aparición de Ka-Zar y la Savage Land, el debut (como villanos) nada menos que de Scarlet Witch y Quicksilver, combates con Namor (que en esta época era más veleta que Bullrich, Stolbizer y Carrió), los Avengers, los Sentinels… Esta es la etapa de construcción del Universo Marvel y, si bien Uncanny X-Men era justamente considerado un título menor (apenas por encima de Sgt. Fury and his Howling Commandos), no se puede negar que hizo su aporte al armado, al andamiaje (con perdón de la palabra) de la mitología marveliana.
También está bueno descubrir cómo Stan Lee plantea desde muy temprano temas que van a ser centrales para el concepto de los X-Men durante décadas: la escuela, el odio y la desconfianza que los homo superior despiertan en los homo sapien, la grieta ideológica entre Charles Xavier y Magneto, la búsqueda permanente de nuevos mutantes a los que reclutar para el lado de “los buenos”, el entrenamiento constante en el uso de los poderes… Todo eso está presente acá, en las primeras historias.
El dibujo arranca errático, con el glorioso Jack Kirby entintado (y estropeado) por Paul Reinman, que tenía el pecho más frío que Bobby Drake. Para el sexto episodio llega como entintador Chic Stone y el dibujo repunta grosso. Este Essential tiene el acierto de agregarle grises a todos los episodios de Kirby, que a veces cuando se los “traduce” a blanco y negro se ven un poco chatos. Kirby deja de dibujar tras el nº11 y se queda hasta nº17 aportando bocetos, para que dibujen otros. En el nº12 el elegido para trabajar sobre los layouts del Rey no es otro que el genial Alex Toth, pero lamentablemente lo entinta Vince Colletta y (fiel a su estilo) lo hace mierda. Quedan, por debajo de ese entintado espantoso, las imbatibles composiciones de Toth.
Después llega Werner Roth (quien firmaba como “Jay Gavin”), un dibujante aburrido, sin onda y con escaso talento, que venía de dibujar historietas románticas y que -por algún motivo que desconozco- quedará durante muchos años como titular en esta serie. Una vez que Roth se larga a dibujar solo, sin los bocetos de Kirby, se notan mucho más sus limitaciones para dibujar escenas de acción y darle a las historias esa sensación de drama intenso y grandilocuente que tan bien manejaba el Rey. Encima lo entinta Dick Ayers, un maestro del pincel al que nunca le coparon mucho los superhéroes. O sea que, a nivel visual, son pocos los episodios que revisten algún interés, pero bueno… es Jack Kirby en su época más fértil. Vale la pena fumarse a Werner Roth para descubrir o redescubrir esas páginas.
Nunca me compré los otros dos Essentials de esta serie (rápidamente retitulada “Classic X-Men”) porque las historias del segundo tomo (X-Men nºs 25-53) están casi todas dibujadas por Roth. Hay que juntar mucho aguante para clavarse 640 páginas de eso. Pero algún día les entraré, como para llegar al Vol.3, que tiene los números de Neal Adams y alguna paponga más. Por ahora, cuelgo acá a los X-Men originales y en algún momento de 2018 arranco a leer desde el Giant-Size de 1975, que ya me completé los ocho Essentials que cubren TODO hasta el final de Inferno.
Y obviamente, ni bien tenga un par de libritos leídos, vuelvo con más reseñas. Excelsior!

miércoles, 15 de noviembre de 2017

JUSTICE LEAGUE

Bueno, ya puedo hacer pública mi opinión acerca de Justice League, el largometraje dirigido por Zack Snyder, al que algún día sabremos qué tanta mano le metió Joss Whedon. Hay quien dice que rodó un 15%, otros le asignan un 20%... no importa. En los papeles, es un film de Zack Snyder y así lo vamos a considerar.
Lo más destacable de Justice League es que Snyder supo escuchar. No fuimos pocos los fans que salimos conmovidos del cine luego de esos 35 minutos finales de Batman vs. Superman, donde realmente cobra vuelo (y sentido) una película que hasta ese momento era una montaña rusa del horror. Acá se nota la clara intención de que TODA la película, los 120 minutos enteros, transmitan más o menos lo mismo que transmitió ese tramo final de BvsS. Ese acierto de Snyder y sus guionistas (el propio Whedon y Chris Terrio) no sólo sirve para que Justice League resulte una experiencia más que disfrutable, sino además para terminar de refrendar lo que muchos (en el furor de las puteadas) no registraron: BvsS era una película “de transición”, “del medio”, el puente entre Man of Steel y Justice League.
Sin contar mucho del argumento, me llamó la atención su simplicidad, su falta de complejidad y de pretensiones. Son dos horas, macho. Hay tiempo para contar UNA historia y a eso se dedica Snyder. No esperes un desarrollo de subplots (BvsS tenía varios y así le fue), no esperes un gran sembradío de puntas para explorar en futuras películas… Acá lo que hay es la presentación de tres personajes nuevos, la exploración bastante superficial de algunas de las consecuencias de BvsS y la misión principal, que es impedir que el villano de turno haga mierda todo. ¿Está bueno el villano? Sí, no está muy trabajado, no tiene mucho espesor dramático, pero es imponente, tiene un plan zarpado y un nivel de poder como para que le hagan el aguante entre cinco superhéroes. ¿Es aceptable la forma en que vuelve Superman? La verdad que sí, mejor de lo que yo esperaba.
¿Hay chistes, o de nuevo estamos ante una peli sombría, solemne y depresiva? Hay chistes, no muchos, pero los justos. La dinámica del grupo está bien trabajada, todos tienen sus diálogos ingeniosos y en el reparto de rasgos de personalidad, a los tres nuevos les fue bastante bien. A Flash le tocó ser el nerd que se emociona al conocer a los otros héroes y mete los mejores chistes (nada que ver con el Barry Allen que conocemos de los comics, pero ese Barry jamás tuvo ni la menor onda). Aquaman es el bardero al que le gusta la machaca, no se copa mucho obedeciendo órdenes y no tiene reparos en cortarse solo, una especie de Wolverine de Chris Claremont pero más jovial. Y a Cyborg le toca (fiel a la tradición de Marv Wolfman y George Pérez) ser el amargo, el héroe trágico, el que sufre por su condición de post-humano y que de a poco va a entender que ser un freak no está tan mal.
Los actores están muy bien, los personajes secundarios (Alfred, Mera, Gordon, Hippolyta, Ma Kent) hacen buenos aportes y sí, lamentablemente hay que volver a padecer varias escenas protagonizadas por la infumable Lois Lane. Por suerte están ampliamente compensadas por un montón de momentos épicos, de machaca a todo o nada, a un nivel muy, muy impactante. La música no tiene hitazos del rock & pop como los que meten en las pelis de Marvel, pero está muy bien. Y los efectos especiales, trajes, armas y decorados, una maravilla.
Repito: no le pidas mucho más que una aventura repleta de acción y combates a puro power. Ahora, si eso es lo que te emociona de una peli de superhéroes, preparate para gozar a lo pavote. ¿Hay easter eggs, sutiles referencias a otros personajes del DCU que hay que descubrir prestando mucha atención? Creo que no, pero cuando se pudre todo, tenemos cielos rojos (¡como en Crisis!), en las secuencias post-créditos se suma un villano al que hasta ahora no habíamos visto y en el mejor flashback de la peli aparece un… nah, no te lo puedo contar. La aparición de Darkseid, te la debo. Evidentemente lo van a guardar para muuuucho más adelante y si se siente su presencia, se sentirá como la famosa “mano negra” detrás de los villanos que sí aparecen y ponen la cara.
En síntesis, gran película de machaca y emociones fuertes. Sencilla, casi obvia, pero sin esos “momentos Martha” en los que querés tirar una bomba atómica en Hollywood para garantizar el exterminio definitivo de los guionistas responsables de ese tipo de atrocidades argumentales. Podemos afirmar que, con Wonder Woman y Justice League, finalmente las pelis de DC encontraron en 2017 un camino que se aleja de la senda del Batman jodido de Christopher Nolan y parecen dirigirse hacia la consolidación de una fórmula nueva y atractiva. Y ahora que uno ya no va a ver pelis de DC esperando las peores abominaciones del universo, la expectativa subió y si las próximas son chotas, las críticas volverán a ser lapidarias. Es la hora de bancar trapos importantes.

martes, 14 de noviembre de 2017

DISTINTA

Hoy a la mañana fui a ver la peli de la Justice League, pero nos pidieron que no posteáramos comentarios hasta las 0:00 hs de mañana. Por suerte tengo lecturas que se me acumularon durante el viaje a San Luis, y en este caso son dos libros largos, que ameritan una reseña entera para cada uno, al estilo de lo que hacíamos acá en el blog entre 2010 y 2015. Así que si encuentro el tiempo para escribir las reseñas, mañana se viene post de la peli y el jueves uno dedicado a otro libro que me devoré en el viaje.
Como todos los libros que pretenden dar un pantallazo más o menos global acerca de una época o una corriente dentro del universo del comic, DisTinta (la antología compilada por Liniers y Martín Pérez) abre las puertas al debate de nunca acabar, al incluir a ciertos autores y no a otros. ¿Estos son los mejores? ¿Los más representativos? ¿Los que están pegando más fuerte? ¿Los que con menos vergüenza le podemos mostrar al público que habitualmente no lee historieta argentina? No parece haber una única respuesta ni un único criterio y eso abre esa fisura (que tranquilamente se podría convertir en grieta) a la hora de discutir inclusiones y omisiones. No es ese el objetivo de este post, sin embargo. La idea es repasar el material elegido y opinar brevemente acerca de su calidad.
Arrancamos con Max Aguirre, con seis paginitas que cuentan poco pero lo cuentan bien, y donde vemos al ídolo probar con técnicas que no son en lo más mínimo habituales en su obra. Clara Lagos aporta 10 tiras cómicas de corte costumbrista no muy cómicas, pero entretenidas y con un dibujo al que el color levanta muchísimo. Juan Sáenz Valiente nos trae la adaptación al comic de uno de los mejores cuentos de Hernán Casciari, sin dudas uno de los puntos más altos del libro. Lo de María Luque no lo pude leer porque el dibujo me produce rechazo, no lo puedo digerir. Me parece bárbaro que exista y tenga muchos fans, pero para mí es anatema. Lo de Kioskerman es interesante, cortito, sugestivo, bien dibujado… copado. Frank Vega se va al carajo y más allá con una historieta de 12 páginas que roza (varias veces) la genialidad. Fer Calvi nos trae una nueva “aventura” de Altavista, en ese registro medio etéreo, medio poético que tan bien maneja. Hablando de poesía, Sole Otero agarra para ese lado y logra darle a un típico relato autobiográfico un vuelo realmente alucinante. Gran trabajo. Fran López pergeña una historia mucho más prosaica, sin virtuosismo en el dibujo, pero eficaz en la narrativa y con una trama cuyo interés jamás decae, en parte gracias al alto nivel de los diálogos. Brian Jánchez también juega a condimentar un relato autobiográfico con “algo más” y le sale muy bien. Me encantó verlo trabajar a color. Las 12 páginas de Ariel López V. entran holgadamente al podio de lo mejor de DisTinta. ´Nuff said.
Ezequiel García narra una historia muy extraña, de tinte surrealista, con un dibujo muy logrado, realmente hipnótico. Ernán Cirianni aporta la cuota de comedia pasada de rosca, con situaciones y diálogos zarpados, como uno espera en una historieta suya. En apenas 7 páginas, Fede Pazos cuenta una historia brillante, un guión digno del Negro Fontanarrosa, dibujado como los dioses. Pablo Túnica aporta dos breves episodios de Paraná ya publicados en Fierro, uno de los cuales (el de la sirena rosarina) tiene un guión precioso, a la altura de la magia visual de este artista. La de Lucas Nine… me costó terminarla. La idea está muy bien y el dibujo es hermoso, pero el desarrollo se me hizo muy largo. Gastón Souto también nos refrita una historia que hizo para Fierro, en la que su dibujo se luce poco, pero nos cautiva y nos hace cagar de risa con los diálogos. Lo de Salvador Sanz es bochornoso: por CUARTA vez nos ofrece las once primeras páginas de El Esqueleto. Too much. La dupla-furor integrada por Diego Agrimbau y Lucas Varela aporta una bizarra y alucinante adaptación de un cuento de Julio Cortázar, convertido en una orgía visual. Otra gran dupla, la de Rodolfo Santullo y Marcos Vergara, nos trae un breve episodio de Animales, su trabajo más actual, donde lo más sorprendente es la evolución de Vergara en el manejo del color. Y no podía faltar la dupla Federico Reggiani-Angel Mosquito, que aportan el primer episodio del segundo arco de Vitamina Potencia, que arranca muy, muy arriba.
Delius dibuja muy bien, en un estilo que a mí mucho no me copa. La historia que cuenta tiene muchos altibajos, no me terminó de enganchar. Jorge González mandó un fragmento de Fueye… dejame de joder. Si no tienen material inédito o poco conocido, no participen, muchachos. Buenísimo lo de Marianoenelmundo, que es un fragmento de una obra larga, pero así, como extracto, tiene muchísimo sentido (y un dibujo exquisito). Decur, otro grosso que en vez de laburar mandó ilustraciones (sí, ilustraciones, en un libro de historieta). Inentendible. Gato Fernández se mete con un tema áspero, en una historieta impactante, bien contada, a la que no le puso todas las pilas en el dibujo. El imbatible Agrimbau vuelve a la carga ahora en team-up con Dante Ginevra y nos clavan un golpe al corazón, una historieta fuerte y emotiva, dibujada en un gran nivel. Me gustó también la de Camila Torre Notari, la de Pablo Vigo (más el dibujo que el guión), interesante y bastante extraña la de Daniela Kantor (con guión de Arekasadaro), como siempre me cagué de risa con lo de Gustavo Sala, me encantó la bajada de línea -con mala leche y magníficos dibujos- del Polaco Scalerandi y me sorprendió la calidad del guión en la de Ayar Blasco.
Perdón por la extensión del texto y sí, a pesar de ciertas omisiones inexplicables, banco a DisTinta, porque casi todo lo que entró en el libro tiene un nivel muy notable. Será hasta mañana.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

VUELVO A LA RUTA

Después de un mes y moneditas en Buenos Aires, mañana me toca viajar a San Luis, a participar de la maravillosa San Luis Comic Con. Entre una cosa y otra, estaré posteando nuevamente en el blog el martes 14… que es el día de la función de prensa de la peli de Justice League, así que puede haber reseñas de comics o de dicho largometraje. Ya veremos. Por ahora, tengo esto para reseñar.
Llegamos al anteúltimo tomo de Bakuman, y pasó lo que inevitablemente iba a pasar: Tsugumi Ohba y Takeshi Obata se acordaron del subplot más pedorro de esta magnífica serie y, en la segunda mitad de este tomo, lo empezaron a desarrollar hasta convertirlo en el centro de la trama. Me refiero a la promesa del capo de Mashiro y la boluda de Azuki, algo tan ridículo, tan caprichoso, tan ilógico, que los propios autores no ocultan en lo más mínimo que se trata de un despropósito. Alcanza con ver la (impagable) expresión que Obata le dibuja al rostro de Hattori cuando se entera de esta situación. Es la cara que cualquier adulto sensato pondría ante una decisión tan pueril como la que tomaron años atrás Mashiro y Azuki.
Por suerte la primera mitad del tomo conserva el nivel de excelencia habitual y nos empieza a tirar data valiosísima acerca de cómo se negocian los derechos para adaptar al animé los mangas más populares de los semanarios onda Shonen Jump. Y a lo largo de todo el tomo podemos disfrutar (como siempre) de unos diálogos formidables y del maravilloso dibujo de Obata, cada vez más plástico, más expresivo, más pensado para transmitirnos las distintas emociones que viven los protagonistas a lo largo de la historia.
Se viene el final, parece mentira… pero nos quedan tantas emociones, tantos momentos alucinantes, tantos mimos a nuestros ojos y nuestros corazones que es obvio que Bakuman no se va a terminar NUNCA. Ponga huevo, Ivrea, a ver si sale el Vol.20 antes de fin de año…
Acá tengo otra publicación argentina que para mí era de 2017, pero tiene fecha de catalogación en 2016. Family Curse es una antología de relatos fantásticos, algunos escritos por Ziul Mitomante y otros por Nicolás “el Negro” Viglietti. Cada uno aporta tres historias, hilvanadas por una secuencia en la que distintos personajes se narran entre sí estos relatos. No entendí si estos personajes son una referencia a otros, o qué son, pero me divertí con los diálogos y no me convencieron los dibujos, obra de Kundo Kunch.
De las seis historias cortas, las que más me gustaron, las que más me sorprendieron, las que más se apartan de la maraña de clichés típicos de las historias de misterio sobrenatural que leímos chotocientas veces, son Hongos de An-Nasirah (guión de Mitomante, dibujos de un inspiradísimo Facundo Belgradi) y Tío Dan (gran guión de Viglietti, dibujazos de Hernán González).
El resto, o flaquea en los guiones, o sufre de la impericia de los dibujantes. Lo único que es realmente excelente a lo largo de todo el libro son los diálogos. Se ve que ahí está el fuerte de Viglietti y Mitomante. Y bueno, obviamente no hace falta que subraye el notable trabajo de Maan House en la portada, no? Es apenas un golazo más en la carrera de un ilustrador definitivamente tocado por la varita mágica. Me quedo con esa imagen, con esa doble página de la orgía dibujada por Belgradi, con esos primeros planos repulsivos de González y con algunas cosas de las que ensaya Joel Saavedra, muy influenciado por Sean Murphy, pero en el camino correcto.
El martes, entonces, es muy probable que haya nuevo post. Y si estás en San Luis, nos vemos este finde.

lunes, 6 de noviembre de 2017

NOCHE DE LUNES

Bueno, ya tengo un par de libritos más leídos, así que vamos con nuevas reseñas.
House of Hem no es una parodia de la famosa saga de Marvel, sino un recopilatorio de varias historietas (claramente en joda) realizadas por el maestro Fred Hembeck en los ´80 y ´90. Ah, y una de 10 páginas de Spider-Man realizada en este siglo que sólo había aparecido en soporte digital. La de Spider-Man, la de Hulk y las que Hembeck hizo para la revista Marvel Age están bien, pero en este recopilatorio funcionan como relleno, como complemento a dos historias largas que en su momento se editaron como one-shots.
Fred Hembeck Destroys the Marvel Universe (de 1989) es una historia larga en la que el ídolo nos muestra cómo un avatar de la muerte hace boleta a todos los personajes de Marvel de esa época, desde ignotos justicieros como Texas Twister y Blue Shield a los héroes más taquilleros de aquel entonces, que eran Spider-Man, Wolverine y Punisher. Las situaciones se resuelven por la via del humor físico, o del humor verbal, casi siempre de modo original y efectivo. Y para el final, Hembeck pega un salto metatextual y cierra el one-shot con un paso de comedia entre él mismo y Stan Lee, otro habitante del mundo real frecuentemente convertido en personaje de historietas.
Pero la papa más fina es, sin dudas, el one-shot Fantastic Four Roast (de 1982), una historieta escrita y bocetada por Hembeck, pero dibujada por una plétora de artistas de los que trabajaban en esa época en Marvel. Todos los héroes se reúnen para celebrar los 20 años del primer grupo de la editorial, y además de chistes muy graciosos acerca de Ben, Reed, Johnny y Sue, está el increíble atractivo de descubrir que cuando aparece Daredevil lo dibuja Frank Miller, cuando aparece Dr. Strange lo dibuja Marshall Rogers, a Power Man y Iron Fist los dibuja Kerry Gammil, obviamente hay muchas viñetas en las que los FF y sus enemigos aparecen dibujados por John Byrne, y colaboran también Mike Zeck, John y Sal Buscema, Bill Sienkiewicz, Joe Sinnott, Walt Simonson, Michael Golden y varios más. Hacía muchos años que este one-shot era difícil de encontrar, así que fue una reedición más que bienvenida para los fans de Hembeck, de los Fantastic Four, o de la Segunda Era Dorada de Marvel (1980-85) capitaneada por Jim Shooter, quien supervisó muy de cerca la realización de este especial.
A nivel dibujo, está buenísimo ver cómo Hembeck mejora notablemente con el correr de los años. Sin dudas la historieta más reciente (la de Spider-Man) es la que muestra un mejor nivel en el dibujo y sobre todo en la puesta en página y el armado de las secuencias. Si -como yo- seguís a Hembeck desde los ´80, no te podés privar del lujo de sumar House of Hem a tu biblioteca.
En pilón de libros argentinos editados en 2017 se filtró uno que apareció en Diciembre de 2016… puede fallar. Se trata de una breve novela gráfica (36 páginas) en la que Valentín Lerena y Roberto Fontana adaptan un relato de Liliana Bodoc titulado El Cuarto Hijo, un fragmento del libro Oficio de Búhos, que forma parte de la famosa Saga de los Confines.
Lo bueno: el relato de Bodoc le provee a Lerena un elenco poblado de por lo menos dos personajes interesantísimos, y de situaciones jodidas, extremas de verdad. Fontana capta muy bien el clima sórdido de la trama y ofrece páginas muy bien dibujadas, con un ritmo que muchas veces las adaptaciones de obras literarias no tienen, porque quedan prisioneras de los textos de los que parten. Esto, en cambio, es historieta en estado puro, y si no te aclaran que la trama está tomada de un cuento, jamás te lo imaginás.
Lo malo: los yeites que Fontana “toma prestados” de Enrique Breccia a veces exceden el ámbito de la influencia y se acercan peligrosamente al latrocinio. Y lo más choto: no sólo la adaptación de El Cuarto Hijo es muy corta… además termina abruptamente, en un momento recontra-crucial para el desarrollo de la trama. Me imagino que eso no será un capricho de Lerena y Fontana, sino que la autora del cuento también decidió terminarlo ahí… pero –la puta que los parió a todos- hay que ser muy garca para poner el “fin” justo ahí, en la escena más fuerte del relato. En definitiva, entre el final que parece más un coitus interruptus que un final y las escasas 36 páginas de historieta, el librito me dejó gusto a poco. Lo recomiendo sólo a los completistas de Lerena y Fontana, o a los talibanes de Liliana Bodoc que quieran tener TODO lo relacionado con la Saga de los Confines.
El jueves a la noche me estoy yendo a San Luis, pero no está descartado que antes de eso clave otro posts con nuevas reseñas. Gracias y hasta pronto.

sábado, 4 de noviembre de 2017

HOY, DOS CORTITAS


Para hoy tengo leídos dos libritos, pero las reseñas van a ser más cortas de lo habitual.
El primer libro es el Vol.2 de Los Frustrados, de Claire Bretécher, editado en España por Grijalbo. Allá por el 15/04/13, cuando reseñé una edición yanki de esta obra, yo creía boludamente que no había edición española, pero sí hay. De hecho acá la tengo.
Rectificada esa burrada, no tengo mucho para agregar respecto de este material por encima de lo ya comentado en esa reseña del 2013. Este álbum también arranca con una historia “extensa” (siete páginas) para después centrarse en historietas de una o dos páginas. En la segunda mitad del álbum aparecerá otra historia “larga” (12 páginas), con menos viñetas por página y menos texto que las otras, donde el dibujo de Bretécher se luce mucho más. Las temáticas de las historias son las mismas que ya vimos, la forma de abordarlas también, la calidad del dibujo no varía en absoluto (o sea, es sublime)… y la única diferencia pasa por la traducción, en este caso a cargo del maestro Víctor Mora (quien también traducía Astérix y Lucky Luke para el sello Grijalbo). Y por supuesto está muy bien, poblada de los localismos y modismos que usaba la clase media urbana española a principios de los ´80 y que seguro que Bretécher había empleado en los diálogos de la versión original.
Conseguí este tomito medio de pedo en España, pero un amigo me pasa el dato de que los vio en librerías de saldos de la calle Corrientes, acá en Buenos Aires. Gran oportunidad para capturar los tomos que aún me faltan de este inmenso clásico de la historieta satírico-costumbrista mundial.
Y de un comic francés publicado en España, salto a un comic español publicado en Argentina. Daily Life of Séfora es obra del catalán A.C. Puig, y apareció este año en nuestro país, de la mano del sello Módena. Como es normal en las publicaciones de este sello, la estética de Séfora se asemeja bastante a la de un manga y los diálogos están repletos de localismos e informalismos porteños. En este caso, me imagino que estarán ahí en reemplazo de localismos e informalismos españoles.
El dibujo de Puig transita por los ya gastadísimos caminos de los “hijos estilísticos” (por no decir “clones malformados”) de Akira Toriyama. Sin la frescura del maestro, pero con esa onda, esa dinámica y muchos de sus yeites a la hora de plasmar líneas cinéticas, expresiones faciales y escenas de acción. No está mal, pero por un lado es una pena la falta de originalidad y por el otro hay mucha diferencia de calidad, de esmero en el trabajo, entre las carátulas que abren los episodios y las páginas de cada uno de estos.
Los argumentos… en fin… digamos que Séfora es una chica aparentemente nacida en el infierno, con inmensos poderes demoníacos, pero que perdió la memoria en un accidente (narrado en una historieta que no aparece en este librito) y desde entonces vive como una adolescente normal… o casi. Las historias que propone Puig arrancan en típicas situaciones cotidianas y en algún momento, algo (generalmente relacionado con el origen infernal de la protagonista o con la aparición de algún villano bizarro) detona el bolonki fuera de control y la machaca, presentados en forma bastante humorística. Me imagino que si sos una chica de 13-14 años, esto te debe parecer muy cool y muy gracioso. A mí, la verdad que (fuera de algún diálogo ingenioso) mucha gracia no me causó.
Sigo leyendo, a ver con qué volvemos en la próxima tandita de reseñas. Hoy sábado estoy de 13 a 3 de la matina del domingo en Viñetas Sueltas y mañana domingo, de 17 al cierre (ponele) en Dibujados. ¡Nos vemos por ahí!

miércoles, 1 de noviembre de 2017

VAMOS POR LA HAZAÑA

Bueno, la quimera de los 100 posts en el año no está tan lejos. Hay que ponerle a Noviembre y Diciembre el mismo huevo que a Octubre, y listo. Ahí vamos.
Arranco con el Vol.5 de All-Star Western, anteúltimo en esta interesantísima etapa de las aventuras de Jonah Hex. La vez pasada (en realidad hace mil años, el 30/09/15) lo dejamos al ídolo varado en el Siglo XXI, internado nada menos que en el Arkham Asylum, justo él que había compartido tantas andanzas con Amadeus Arkham a fines del Siglo XIX. Aquella vez había quedado un tanto disconforme con los guiones de Jimmy Palmiotti y Justin Gray, pero esta vez este rubro levantó muchísimo. Hex vuelve al Siglo XIX cinco páginas antes del final del libro, o sea que tenemos MUCHOS episodios en el presente, y los guionistas aprovechan a fondo la oportunidad para 1) hacer interactuar a Jonah con varios personajes del DCU actual, no sólo con Batman, que sería el obvio; 2) machacar con el tema de las armas y la violencia, tomando posición firme contra esta locura yanki de que cualquiera puede tener chumbos. Gray y Palmiotti acentúan el contraste entre el Siglo XIX, donde realmente no era ilógico que los tipos fueran calzados a todas partes, y el presente, en el que realmente eso no tiene el más mínimo sentido. Bien ahí la bajada de línea, sobre todo en un comic que debería tener entre sus lectores a muchos fans del gatillo fácil; 3) profundizar más el desarrollo de Hex como personaje, su psiquis, sus sentimientos, su forma de vincularse con los demás; y 4) pegarle un sacudón tremendo al personaje, al eliminar la cicatriz que lo identifica y que –uno sospecha- volverá de alguna manera en el próximo tomo.
Además hay mucha acción, buenos diálogos, una aparición exquisita de Swamp Thing y John Constantine , un guiño a las miniseries que hizo Timothy Truman para Vertigo, y no hay páginas desperdiciadas en esos back-ups que no aportaban demasiado. El dibujo de Moritat tiene, cada tanto, una de esas viñetas perfectas, con encuadres, texturas, expresiones o composiciones dignas de un dibujante de primer nivel. Pero cada tanto. Lo normal son páginas en las que el dibujante se pone metas más humildes, más tranqui. No está mal, cuando se decide a esmerarse en los fondos realmente la rompe, y en general los coloristas lo complementan bastante bien. De todos modos, no puedo evitar imaginarme qué haría Moritat si pudiera dibujar… 64 páginas por año. Yo creo que serían 64 páginas devastadoras. Me falta el Vol.6, espero conseguirlo en 2018 y leerlo en 2019.
Vamos con otra referencia a reseñas de 2015, más precisa-
mente a la del 15/06/15, cuando yo compartía mi primera experiencia leyendo un comic de Juampa Camarda. Ahora me tocó leer el breve Guía para el Fracaso, un librito que recopila una historieta de 2014-15, a la que Camarda le agregó una más cortita, realizada en 2017. Mejoras en el dibujo, veo pocas. Y todas en la última historieta, la de 2017. En general, se sigue notando bastante que a Camarda le cuesta dibujar los objetos y le da bastante paja dibujar los fondos. Pero en esas últimas 16 páginas, se lo ve mucho más afianzado en el manejo de la línea, una línea prolija, “amistosa”, muy plástica y muy funcional al tipo de historias que cuenta el autor. O sea que hay amplias chances de que en su próximo trabajo veamos nuevos pasos en la evolución de esta joven promesa.
Y felizmente, a lo largo de todo Guía para el Fracaso vemos una clarísima mejoría en lo que ya estaba muy bueno en Arroba Numeral, que son los guiones. Camarda maneja muy, pero muy bien ese registro costumbrista, con diálogos irónicos y 100% reales, silencios clavados en los momentos justos, y un tono de sitcom perfectamente logrado, con un talento infrecuente para el timing, tan importante en este tipo de relatos.
Guía para el Fracaso no está pensada para arrancarte carcajadas, sino que (fiel al espíritu low-fi de Arroba Numeral) busca hacerte sonreir, lograr que te identifiques con alguno de los personajes (obviamente yo me sentí reflejado en el gordo Tito), y por ahí, medio de keruza, invitarte a reflexionar sobre la forma en la que nos vinculamos en estos tiempos del Facebook, YouTube, el Watssap y la PlayStation. A mí me cerró por todos lados, la pasé muy bien. Banco mucho a Juampa Camarda y espero ansioso su próximo trabajo.
Antes que me olvide, este mes voy a estar en muchos eventos:
El 3 y el 4 en Viñetas Sueltas, en la Manzana de las Luces.
Del 10 al 12, en la San Luis Comic Con, en el complejo Arenas de la Punta.
El 18 en la Feria del Libro de Vicente López (a menos que llueva).
Y el 25 y 26 en La Costa Comic Con, en Santa Teresita.
¡Nos vemos por ahí!

lunes, 30 de octubre de 2017

CON ESTE RITMO LOCO

Sigo leyendo a muy buen ritmo y ya tengo otros dos libros para reseñar, en este caso dos gemas alucinantes.
Allá por 1976, el autor italiano Gianni De Luca (al que conocí gracias a mi amigo, colega y gurú Norman Fernández) realizaba una adaptación al comic de Romeo y Julieta, la famosa pieza teatral de William Shakespeare, para una revista infantojuvenil, obviamente italiana. En 2013, ese trabajo se reeditó en España en un álbum enorme y en blanco y negro.
Esto es sencillamente magistral. De Luca convierte a cada página en un escenario teatral en el cual mueve a los personajes, los hace actuar sin el encapsulamiento de las viñetas, de un modo único y perfectamente fiel a lo que hacen los intérpretes de una obra de teatro. Años más tarde, Dave Sim pondrá en juego estos mismos recursos en Cerebus… y hasta ayer yo creía que había sido el canadiense el primero en experimentar de esta manera con la página/ escenario. Evidentemente, De Luca estaba MUY a la vanguardia, más aún que el seminal Dave Sim.
Por supuesto que el ritmo de la narrativa, el despliegue de la acción en estas páginas/ escenario es lo que más llama la atención en esta versión de Romeo y Julieta. Pero también hay que destacar la inverosímil calidad del dibujo de Gianni De Luca, resuelto sin sombras, prácticamente sin manchas negras, hasta las últimas páginas, cuando la trama se sitúa en la cripta de los Capuleto y ahí sí, tenemos unos efectos de iluminación complejísimos, unas texturas demenciales y un clima totalmente distinto al del resto de la obra. De Luca hace gala de un excelente manejo de las expresiones corporales y faciales, en un estilo que anticipa muchas de las cosas que más adelante les veremos hacer (muy bien) a dibujantes como P. Craig Russell, Eric Shanower o Gabriel Rodríguez.
De la trama ni hace falta hablar, porque creo que todos saben de qué se trata Romeo y Julieta, no? Esta es una versión 100% respetuosa de la historia clásica. Ahí es donde a De Luca claramente NO se le ocurrió innovar. Pero así y todo, sin cambiarle una coma a la obra del bardo de Stratford-upon-Avon, el autor logró crear un comic absolutamente personal, visualmente inolvidable, con el que marcó un antes y un después en la adaptación de obras de teatro al lenguaje de la historieta. Muy recomendable.
Ahora sí, arranco con las reseñas de los libros de historieta argentina aparecidos en 2017 (algún día iba a llegar) y arranco muy, pero muy arriba con un librazo devastador: el tercer y último tomo de la Liga del Mal, con otras seis historias cortas a cargo de (por orden de aparición) Tony Ganem, Gerardo Baró, Patricio Plaza, Industrias Lamonicana, Diego Simone y Pablo Tambuscio. El prólogo de Rodolfo Santullo no miente: los seis se superaron respecto de sus aportes anteriores a esta antología. Quizás por la posibilidad de encarar historias un poco más extensas (16 páginas contra 12 que tenían antes), o quizás porque simplemente están más afianzados en esto de contar historias inclasificables en este maravilloso medio, en el que los seis corren con la ventaja de ser excelentes dibujantes.
Ganem reincide en su zona de confort: una supuesta aventura de fantasía heroica, a la que llena de chistes y situaciones absurdas realmente brillantes. Los diálogos están perfectos, la puesta en página tiene ideas geniales y visualmente no se puede creer.
Baró ensaya un post-holocausto uruguayo, también con muy buenos diálogos y un dibujo espectacular, un color hermoso, buenas ideas en la puesta en página y un protagonista sumamente carismático.
Plaza arriesga menos a la hora de armar las secuencias, pero te la clava en el ángulo con el dibujo, el color y sobre todo con el guión, que es original y sorprendente. Gran historia.
Lamonicana te atrapa en un thriller bizarro que logró ponerme muy nervioso. Un misterio, una obsesión, un relato que se despliega en dos tiempos distintos pero en un mismo lugar, notablemente resuelto y con los mejores diálogos del libro.
Simone finge contarte “una de acción”, pero por detrás de la acción urde una trama magnífica de vínculos entre personajes a los que YA quiero ver volver. Acá hay cameos de varios personajes de la Liga y un nivel de experimentación en la narrativa que te hiela la sangre.
Finalmente llega Tambuscio a tirarte la fatality, con una historieta PERFECTA (otra vez) que combina amor y horror, nostalgia y obsesión, dibujada como la hiper-concha de Dios. Si sos veterano y fan de Serú Girán, esta historia te agarra el alma, te la abolla como si fuera una servilletita de pizzería crota y te la tira al agüita del cordón de la vereda. Una maravilla, posta.
No me alcanzan las palabras para recomendar esta antología y una vez más, pido a gritos nuevas obras de estas seis bestias que ya se ganaron un lugar en la historia grande de la historieta argentina.
Y como siempre, prometo volver con nuevas reseñas ni bien tenga un par de libros más ya leídos. Ci vediamo.

sábado, 28 de octubre de 2017

SABADO PRIMAVERAL

Hermoso clima hoy, para andar al aire libre. Pero yo estoy en casa muy al pedo, así que aprovecho para postear unas reseñas.
Me bajé a velocidades supersónicas el Vol.2 de Gilgamesh el Inmortal editado en España por 001 Ediciones, como para completar esa saga de Robin Wood y Lucho Olivera que había empezado la semana pasada. Bah, no la completé porque hay muchos más episodios… que no están recopilados.
El libro ofrece 13 historias, que arrancan justo antes de la Segunda Guerra Mundial y terminan muchos años en el futuro, cuando Gilgamesh logra lanzar un cohete a Marte (con él adentro) desde una Tierra devastada por la Tercera Guerra Mundial. Entre los dos últimos episodios pasan 30 años (lo que tarda el inmortal en dominar la tecnología de la NASA), pero los restantes están separados por una cantidad de tiempo mucho menor que en el tomo anterior. De hecho hay tres episodios ambientados en la Segunda Guerra, en un lapso de tiempo muy breve. O sea que recién una vez transcurridos 26 o 27 episodios llegamos a donde Lucho Olivera había llegado al final de su primer capítulo de Gilgamesh, allá a fines de los ´60.
Muchas de estas historias son brillantes. La prosa de Robin está afiladísima y se torna oscura y desgarradora una vez que Gilgamesh descubre que es el único ser vivo en el planeta tras el holocausto nuclear. Ahí la historieta cambia mucho, porque –al no haber nadie con quién pelear- prácticamente no hay conflictos. El conflicto se traslada al interior del personaje, y Robin lo plasma con maestría. También mete referencias a otros personajes de su creación: así como en el Vol.1 aparecía Nippur, acá mencionan a Or-Grund y a Max Chevalier, uno de los protagonistas de Aquí la Legión. Obviamente me copa que hayan usado a Gilgamesh para tirarnos pistas de que existía un Robinverse. Lo único choto es que Robin crea personajes alucinantes para usarlos en un sólo episodio: la gladiadora criogenada 20 siglos, el mutante que controla el sistema de espionaje de la URSS, el robot Napoléon… todos tienen onda de sobra para aparecer mucho más de lo que aparecen.
Y el otro bajón: el dibujo de Lucho viene a un nivel increíble, pero en un momento, cuando faltan cuatro o cinco episodios, experimenta una caída más brutal que la del poder adquisitivo del salario en estos dos años de revancha neoliberal. En las últimas 50 páginas del tomo vas a encontrar un puñado de viñetas maravillosas… y un montón muy toscas, resueltas con lo mínimo, como si Olivera hubiese perdido de golpe las ganas de dibujar. Igual recomiendo mucho estos libros de Gilgamesh, una aventura profunda, potente y más adictiva que los bizcochitos Don Satur hexagonales con azúcar negra.
Salto de 1981-82 a principios de 2015, cuando Chip Zdarsky y Joe Quinones lanzan una serie regular de Howard the Duck, que va a durar poquitos números y se va a reiniciar después de Secret Wars. El arranque es este Vol.0, un festival de chistes y situaciones bizarras muy efectivo, pero al que no le sobra para nada ese filo, esa arista de sátira social que encontramos en el Howard de Steve Gerber, o en el de Ty Templeton (ver reseña del 14/09/10).
Acá la gran jugada de Zdarsky consiste en convertir a Howard en un detective privado que opera ya no en Cleveland, sino en New York, una ciudad repleta de superhéroes. Y esa va a ser la principal fuente de chistes: la interrelación de Howard con los otros héroes y heroínas de Marvel, desde She-Hulk a los Guardians of the Galaxy, hasta llegar a un último episodio en el que unos 30 personajes le tienen que hacer el aguante a un villano de la B que se arma una especie de Guantelete del Infinito, también de segunda selección. El resultado es entretenido, me reí bastante, pero me pareció que el guionista abusa un poco del recurso de contraponer a Howard con los otros héroes de Marvel. Veremos si en el siguiente tomo (que pienso leer el año que viene) se abre un poco más el abanico de posibilidades para esta serie.
El dibujo de Quinones es limpito, dinámico, expresivo… ideal para una comedia de este tipo. Cuando juega a probar cosas locas en la puesta en página le sale muy bien y cuando hay que ponerle huevo a los fondos, pone sin mezquinar. Gran dibujante, que ojalá vuelva en los futuros tomos. Y bien también los amigos que dibujan los back-ups: Rob Guillory (el de Chew), Jason Latour (el de Southern Bastards) y Katie Cook, a quien no conocía. Habrá más Howard el año que viene.
Y ni bien tenga un par de libritos más leídos, habrá nuevas reseñas, así que será hasta pronto.

miércoles, 25 de octubre de 2017

SI, HOY TAMBIEN… ¿Y?

En un flashback bizarro a 2010-2015, esta semana clavé tres posts en tres días seguidos. ¿Está mal? Quiero llegar a los 100 este año, tengo un rato libre para escribir y los dos últimos libros que agarré para leer eran cortitos, de menos de 64 páginas, con lo cual me los bajé en menos de un viaje en bondi.
Arranco con Tintín: El Templo del Sol, continuación del álbum que reseñé el 13/09 de este año. Y me llama la atención lo mismo que en la primera parte: la brutal decompresión de la trama, los esfuerzos desmedidos de Hergé por estirar el relato para que dure 62 páginas, cuando lo que tiene para contar podría resumirse en… 24 páginas, a lo sumo. Si dejamos de lado el dibujo (que es perfecto de punta a punta), lo más atractivo que tiene El Templo del Sol es que te hace comer el amague de que los aborígenes peruanos van a ser los villanos, y al final Hergé te la da vuelta y los pone en otro rol. Lo cual deja a la historia sin villanos y le resta fuerza al conflicto, pero bueno… peor hubiese sido si los malos eran los indios.
Si el conflicto se resuelve charlando civilizadamente y sin que los buenos se peleen con nadie, ¿con qué llenamos tooodas esas páginas? Pericipecias en la jungla, con serpientes y cocodrilos a los que Tintín y Haddock masacran sin piedad, accidentes en la alta montaña, chistes de Hernández y Fernández, pantomimas risueñas de Milú… Páginas y páginas desperdiciadas en este tipo de secuencias que podrían tranquilamente no estar… y que son muy lindas de mirar, porque la narrativa de Hergé te atrapa quieras o no, y el dibujo (como ya dije) es una maravilla. La verdad es que con Las Siete Bolas… y El Templo… se podía haber armado un muy buen álbum con 62 páginas de palo y palo, con más ritmo, menos chistes y menos peripecias anodinas de las que no le aportan nada a la trama excepto la erosión del verosímil. Pero bueno, esto se escribió para serializar en una revista que leían los chicos de 1950, a los que por ahí les divertía muchísimo ver a los héroes zafar de uno y mil peligros imposibles, durante días y días en los que apenas duermen y no sabemos si comen…
¿Te acordás de las Tragedias del Rock, esos álbumes dedicados a contar las vidas de grandes estrellas de la música que se fueron al descenso relativamente pronto? Por el blog pasaron las tres que salieron en Argentina: John Lennon (03/09/11), Michael Jackson (08/09/11) y Bob Marley (13/09/12). Pero se llegaron a producir algunos álbumes más que acá no se editaron y hace poco conseguí el de Jim Morrison, escrito por Luciano Saracino y dibujado por Quique Alcatena (realizado en paralelo a aquella gema bizarra de la misma dupla que fue Ricardito MiniPYME).
El guión de Saracino logra con creces su principal cometido: contarnos la vida del Rey Lagarto. Pero además logra (también holgadamente) generar intriga acerca de su personalidad excéntrica, caótica, turbulenta, y acercarnos a su poesía, esa que -50 años después- conserva intacto su fulgor incandescente. Como se supone que esto lo van a leer adolescentes, Saracino nos mezquina un poco el sexo y las drogas, tan importantes como el rockanrol para entender la figura de Morrison. Pero fuera de eso, el guión no condesciende en absoluto para con el lector, sino que lo desafía a explorar con bastante profundidad a un personaje realmente complejo.
El dibujo de Alcatena al principio puede resultar medio alienígena, porque estamos acostumbrados a verlo dibujar epopeyas protagonizadas por guerreros y hechiceros de mundos fantásticos, en libros de 15 x 22 cm., y en blanco y negro. Acá nos cuenta la historia real de un tipo que existió en el mismo mundo que el nuestro, en un libro de 29.5 x 21 cm., y a todo color. Entonces los ases que Quique saca de abajo de la manga pasan a ser otros: la recreación perfectamente documentada de esos años alucinógenos (fines de los ´60 y principios de los ´70), las ilustraciones zarpadas con las que abre cada capítulo o con las que acompaña fragmentos de las letras de Morrison, los experimentos en la puesta en página y el uso del color para enfantizar los climas por los que transita la historia. Lo único que no me cierra es el tamaño de los globos y los bloques de texto, muy grandes en proporción al tamaño de la página, como si uno fuera a leer la historieta parado a 20 metros del libro. Con globos y captions más pequeños, la magia pictórica de Alcatena se luciría aún más.
Esto está editado en Brasil (acá nomás), así que si sos un Alcatenófilo perdido en el laberinto de este genio del Noveno Arte, o si seguís a Saracino hasta el fin del mundo, o sos hardcore fan de The Doors, seguramente con un pequeño esfuerzo podrás sumar este tomo a tu colección.
Prometo no postear mañana… y volver ni bien tenga un par de libros leídos.

martes, 24 de octubre de 2017

TARDE DE MARTES

Sí, ya sé que clavé un post hace menos de 24 horas, pero tengo un par de libros leídos y un ratito para redactar reseñas, así que ¿quién carajo me lo va a impedir?
De las muchísimas obras que realizó para el mercado francés el recordado Walther Taborda, seguramente la más relevante para nosotros es Malvinas: El Cielo es de los Halcones, con guión de Néstor Barron, cuyo Vol.1 se publicó en Europa en 2010 y acá en 2015. Una pena que acá se haya publicado igual que allá, en tamaño grande, tapa dura, papel de lujo, 48 páginas… porque terminó llegando al público a un precio altísimo, que hizo que un montón de potenciales lectores no lo pudieran comprar. Aún así, un año después salió el Vol.2 y quizás antes de fin de año salga el Vol.3, aunque Walther no llegue a verlo. Obviamente hubiese sido más lógico publicar los tres tomos en un único libro, con tapa blanda y en un formato un poco más chico. Pero bueno, la edición corrió por cuenta de un sello que nunca antes había publicado historietas…
Claro, es un álbum pensado para el mercado francés, con las infaltables páginas de 10 viñetas, y en una de esas, en un formato más chico el dibujo se luciría menos. Por suerte Taborda resuelve todo lo que es figura humana y primeros planos con un trazo bastante sintético, muy plástico, sin sobrecargar en absoluto la imagen con texturas o detalles. Los detalles aparecen y cobran protagonismo cuando le toca dibujar aviones, barcos, cascos, bases militares… Ahí se nota que hubo una investigación a fondo, un trabajo muy serio de documentación para recrear con precisión quirúrgica las escenas de la guerra que tuvo lugar en 1982 sobre el Atlántico Sur. El contraste entre estos personajes definidos de modo sintético y estas máquinas y edificios super-detallados llama bastante la atención, pero no incomoda, no se convierte en obstáculo para engancharse con la historia.
El guión… no sé, creo que esperaba un poco más. De hecho, no tengo dudas de que en 46 páginas se podían contar más cosas y desarrollar más a los personajes. La mejor escena (a años luz de la segunda) dura apenas una página: es cuando Luis, el colimba, le revela al Capitán Cruz que siente miedo y odio estando entre los militares porque estos son los responsables de la desaparición forzada de su hermano mayor. Es un momento emotivo, tenso, pero que (por lo menos en este primer tomo) no pasa de ahí. No sé si más adelante Barron seguirá desarrollando la relación entre Luis y Cruz a partir de esto. El resto es una clásica aventura de tipos que desafían a la adversidad para enfrentarse a un enemigo mucho más poderoso y terminan hechos mierda, pero con chapa de héroes. Hay un cierto espíritu patriótico, pero no llega a oler a cosa facha, entre otras cosas porque habia que venderlo en Europa. La verdad, lo conseguí en oferta y no me enganchó como para pagar fortunas el Vol.2..
Con Starlight, en cambio, me divertí mucho y me emocioné más. Mark Millar y Goran Parlov nos cuentan una saga crepuscular de una especie de Flash Gordon convertido en un sesentón canoso y con panza, que es Maradona en un planeta lejano pero en la Tierra no la estaría pasando bien. Duke McQueen no tiene a quién contarle anécdotas en las que derrota a villanos, libera a planetas enteros y se codea con princesas y emperadores de otros mundos, porque su esposa falleció, sus hijos tienen familia y trabajos y no le dan pelota y la gente de su pueblo lo considera un viejo chamuyero al que le faltan un par de jugadores. Por supuesto, Duke tendrá la posibilidad de volver al planeta al que liberó hace 40 años, donde es considerado el ídolo máximo por varias generaciones.
Y ahí es donde Millar pudo haber derrapado mal. Un sutil toque de mala leche decontructivista y McQueen terminaba o bien ridiculizado también en Tantalus, o manipulado para derrocar a un gobierno decente para que subiera un tirano, o directamente corrompido por el poder, poniéndose él mismo como tirano. Sin embargo, McQueen resulta ser un tipo noble hasta el final, enamorado de su esposa incluso años después de su muerte, con unos códigos éticos inquebrantables y la certeza de que lo suyo no es el poder… aunque una ovación de la hinchada de vez en cuando no esté mal.
La trama está muy bien llevada y el personaje central muy bien trabajado, aunque sí, le gana un poquito fácil a sus adversarios… está bien que sea muuuuy capo, pero quizás si transpiraba más la camiseta todo cerraba un poquito más. El tono de la obra es perfecto, el ritmo está llevado con mano maestra, con pausas y flashbacks en los momentos justos, hay unos cuantos diálogos muy ingeniosos y el final es realmente conmovedor. Bien Millar, apostando por el amor, el heroismo y los valores de la honestidad y la buena onda.
El trabajo de Parlov es majestuoso… si te gusta Moebius. Si no, lo vas a odiar, porque acá el croata reproduce TODOS los yeites del Genio Infinito, sobre todo los de esa etapa más suelta, de fines de los ´80 y principios de los ´90. Posta, hay páginas que si te dicen “las dibujó Moebius”, te lo creés. Incluso el rotulado imita la caligrafía del inolvidable Jean Giraud. Y bueno, yo que soy hardcore fan de Moebius me volví loco y espero que de ahora en más Parlov dibuje siempre así.
Nos reencontramos pronto, ni bien tenga unos libritos más listos para ser reseñados. Gracias y hasta entonces.

lunes, 23 de octubre de 2017

THOR: RAGNAROK

Esta vez está muy difícil hablar de la peli sin spoilear, por eso hice algo que no hago nunca: antes de arrancar con la reseña, me puse a mirar los trailers, a ver qué cosas de las que yo quiero mencionar ya son de público conocimiento. La verdad es que los trailers muestran muchísimas de las escenas más impactantes que el neozelandés Taika Waititi hilvana a lo largo de los 130 minutos que dura la película. Y me imagino que si los ves te va a pasar lo mismo que a mí: te va a sorprender la cantidad de personajes que aparecen. Hay tantos héroes, tantos villanos, tantos personajes ambiguos… tenés para armar la línea de muñecos más zarpada de la historia.
Por supuesto, cuando hay muchos personajes pasan dos cosas: 1) el guión se saca de encima a algunos de manera prematura o caprichosa, y 2) difícilmente se los pueda desarrollar bien a todos. Acá el que más al pedo está es el Dr. Strange. A Jane Foster y a los Warriors Three (que aparecen un segundito, casi sin diálogos) no los extrañás para nada, porque el elenco se puebla de un montón de personajes nuevos, no sé si con más potencial que Fandral, Hogun y Volstagg, pero muy bien utilizados en función de la trama. El rubro con más hallazgos es, sin dudas, el de los villanos: si sos fan de Thor, ver en una misma escena a Hela, Fenris, el Executioner y Surtur te va a causar un nerdgasmo del que no se vuelve. Y además está el Grandmaster, aunque tanto el guión como la magnífica interpretación de Jeff Goldblum lo llevan más para el lado de la joda que de la amenaza.
Sí, de nuevo hay muchos chistes. Pero el equilibrio entre la comedia, el drama y la machaca épica funciona realmente muy bien. La pelea entre Thor y Hulk en la arena de Sakaar probablemente sea el mejor combate entre personajes con superpoderes que vi en la pantalla grande. De alguna manera, Waititi (que además le presta su voz a un personajón) barajó la comedia onda Guardians of the Galaxy con la machaca épica (con influencias mixtas de las pelis de Peter Jackson y los comics de Jack Kirby) y le quedó un producto muy, pero muy satisfactorio.
El personaje que me hizo un poquito de ruido fue el de Thor, acá muy alejado de la versión de los comics. Es cierto que el Odinson de los comics puede ser un poco aburrido, siempre tan heroico, tan noble, tan pendiente de la aprobación de Odín. Pero el Thor de Chris Hemsworth (el clon con lomo de Benjamin Amadeo) actúa como un adolescente medio nabo, que se hace el canchero y la mitad de las veces le sale mal. Un Thor fallido, con algunas aristas raras para el fan del comic, entre ellas un sentido del humor muy afilado y la ambigüedad moral para –cuando las papas queman, en esos partidos en los que sólo sirve ganar- cagarse un toque en los códigos y hacer trampa. Y hablando de tramposos… a Loki la verdad que le están sacando un jugo riquísimo, porque encontraron en Tom Hiddleston a un verdadero ancho de espadas. Pero verlo veletear tantas veces ya se vuelve un poco hinchapelotas. Yo le daría unas cuantas pelis de descanso.
Una vez más, los 130 minutos se me fueron volando. Me divertí muchísimo, me agarré fuerte de la butaca varias veces, se me cayó la mandíbula al piso otras tantas, me reí mucho, y lo más lindo: no pasó nada de lo que yo suponía que iba a pasar. El personaje que yo creí que moría no murió, el que yo creí que aparecía no apareció, el final que yo imaginaba no se dio, los personajes que mueren no mueren ni en el momento ni en la situación en que yo lo podría haber supuesto… La verdad es que -a pesar del tono medio light, o de comedia- el argumento es complejo, pero sobre todo impredecible. Conocer las historietas de las que abrevan los guionistas para escribir las películas tampoco ayuda a pronosticar con éxito la resolución de las tramas.
Destaco también el diseño de producción, que nos obsequia maravillas en trajes, armas, decorados y criaturas, las actuaciones de casi todo el elenco, los efectos especiales (gloriosos es poco) y sobre todo el ritmo del relato, que no decae nunca.
A los que nos fuimos recontra-manija del cine donde vimos Civil War ya nos contaron cómo sigue la historia de Tony, por qué no estaban Thor y Hulk… y ahora falta que se estrene Black Panther saber cómo sigue la historia del Capi y/o Bucky. Pero al mismo tiempo ya estamos al re-palo esperando Avengers: Infinity War, en parte porque ahí se van a explorar (supongo) las consecuencias de algunas de las muchísimas cosas grossas que suceden en Thor: Ragnarok. Impresionante lo que ha logrado Marvel con estas películas… Hace 11 años Thor no tenía serie regular y hoy entrás a la panadería y hay minas hablando de la facha de Loki o del lomo de Heimdall. Ah, ya van tres pelis de Thor, tres directores distintos, chotocientos guionistas, y todavía no escuchamos un “I say thee nay”. Dale, metan uno, una vez. No les cuesta un carajo…

viernes, 20 de octubre de 2017

VIERNES DE CLASICOS

Poca lectura esta semana, porque estuve muchas horas metido en la Universidad de Palermo, donde una vez más me tocó organizar las Jornadas de Historieta. Pero veamos qué fue lo que pude leer:
A pesar del sabor amargo que me dejó la lectura de Reptilia (ver reseña del 25/05/17), me aventuré con el primer tomo de Aula a la Deriva (o Drifting Classroom), un clásico de Kazuo Umezu de principios de los ´70. La idea es tan simple que resulta ramplona: un edificio entero, nada menos que una escuela primaria llena de alumnos y profesores, desaparece de un segundo a otro. En esa manzana de Tokyo queda un agujero, y la historia nos cuenta qué pasa adentro de la escuela, cómo se intentan adaptar chicos y adultos a este aislamiento forzado, y (por suerte antes del final del primer tomo) dónde carajo fue a parar el edificio a la deriva.
Básicamente, Umezu se plantea contar una historia de supervivencia. Nos va a mostrar cómo mueren un montón de estos “náufragos” y cómo los que quedan vivos van a cruzar límites insospechados, tanto a nivel coraje y entereza como a nivel miseria, codicia y degradación. El tono de la obra es extremo, sin piedad, no importa que los protagonistas sean chicos de 10 años. Umezu los sume en la oscuridad a grandes y chicos y hay lágrimas, hambre, violencia y muerte para todos. Si bien el “desplazamiento” de la escuela constituye un elemento fantástico de gran impacto y gran magnitud, el autor se dedica a explorar las consecuencias de este suceso desde una óptica absolutamente realista. La fantasía se termina cuando el colegio se materializa en… otro contexto, y de ahí en más, tenemos un clásico gekiga oscuro, dramático, tenso, sin un mínimo resquicio para el humor y sin siquiera esas escenas tan típicas de los mangas de terror de Umezu en los que suceden cosas tan sacadas, tan grotescas, que en vez de asustarte te cagás de risa. Acá no hay risas, sólo angustia y la sensación de que las cosas sólo pueden empeorar.
El dibujo está muy bien, la narrativa es espectacular (este es el rubro en el que Umezu siempre tiene el ancho de espadas) y quedé manija para entrarle en cualquier momento al Vol.2.
Allá por el 27/09/12, me tocó reseñar un tomo de Gilgamesh que recopilaba material de la primera mitad de los ´70, cuando Sergio Mulko escribía unos guiones rarísimos para que los dibujara un Lucho Olivera también extraño, lejos del nivel de sus mejores trabajos de aquel período. Ahora arranco con un tomo (editado en España) que reúne los primeros 14 episodios de la segunda versión de Gilgamesh, del “reboot” que impulsan en 1980 un consagradísimo Robin Wood y un Lucho Olivera listo para estallar con el fulgor de una supernova y regalarnos muchas de las mejores páginas de su vasta trayectoria.
Robin toma el argumento del primer episodio de la primera etapa de Gilgamesh, cuando el guionista todavía era el propio Lucho, y convierte esas 10 primeras páginas en el andamiaje sobre el cual edifica estos 14 episodios. Lo que sucede es básicamente lo mismo, pero Robin se toma su tiempo para contar a su ritmo hechos que Olivera nos había narrado en fast-forward, en páginas de muchas viñetas chiquitas, para llegar rápido a lo que a él le interesaba contar, que eran las aventuras del inmortal en el espacio. Wood, en cambio, para la bocha, la pisa y dice “en estas 10 páginas hay material para una serie entera” y hacia allá va con paso firme, con muy buenos textos, con mucho desarrollo para el protagonista y con una estructura episódica que recuerda bastante a la de la mejor etapa del Mort Cinder de H.G. Oesterheld y Alberto Breccia. Veremos qué pasa cuando Gilgamesh se lance al espacio exterior, pero por ahora Robin da cátedra en un terreno en el que siempre le fue muy bien: aventuras ambientadas en distintas épocas y civilizaciones de nuestro planeta. Con un agregado interesante, que es la presencia de razas alienígenas, semi-ocultas entre los humanos de los distintos periodos históricos.
Lucho sube muchísimo la apuesta en esta versión de Gilgamesh y la convierte en una joya de alto impacto visual, con un nivel de dibujo alucinante. El recorrido pausado por los distintos tiempos le da la posibilidad de lucirse también en la reconstrucción de edificios, vestidos y armamentos de todos los períodos históricos, algo que en la primera versión casi ni se disfruta. No todas las páginas son exquisitas (también hay viñetas que Lucho saca “con fritas”) pero el promedio de calidad es altísimo, probablemente el más alto de los muchos años de Olivera en las revistas de Columba. Prometo entrarle pronto al Vol.2 y ya estoy lamentando que no haya más material de esta etapa de Gilgamesh publicado en libro.
Ni bien tenga más material leído, volvemos con nuevas reseñas. Hasta entonces.