el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 22 de junio de 2017

JUEVES DE JOYAS

Bueno, hoy emboqué dos papongas de una calidad infrecuente.
Arranco en Francia, en 2012, cuando el imbatible Lewis Trondheim se pone la pilcha de guionista y forma equipo con Matthieu Bonhomme para realizar Texas Cowboys, una magnífica novela gráfica dividida en nueve capítulos de 16 páginas, como si fueran nueve entregas de un foletín, o un comic-book.
Como su nombre lo indica, la obra nos sitúa en Texas, en el último cuarto del Siglo XIX, la época en la que transcurren casi todas las historias de ese género llamado western, al que los franceses aman y no están dispuestos a dejar morir. Texas Cowboys se propone como desafío recuperar todos los tópicos del género: ladrones de bancos, timberos de saloon, indios zarpados, el infaltable sheriff, la clásica femme fatale, el forajido, el garca que tiene más poder que la autoridad legal… todo visto desde los ojos de otro personaje bastante típico del western: el muchacho finoli y culto de la Costa Este que viene a conocer de primera mano el legendario estado de Texas. En este caso es un pibe que trabaja como periodista en un diario de Boston y busca información para una serie de artículos sobre este habitat cuasi-salvaje. Y obviamente, Trondheim lo usa como vehículo para la identificación de nosotros, los lectores.
Todos estos personajes y muchos más se entrelazan de a poco en una trama muy atractiva, desarrollada con un ritmo muy de comic francés, con diálogos filosos, silencios elocuentes, mucha acción y también bastante introspección. Y lo más lindo: en un tono ni solemne ni tan jocoso como otras obras de Trondheim.
El dibujo de Bonhomme es sintético, como un Jean Giraud resumido a lo más básico, muy expresivo y con un gran manejo de la narrativa. El hecho de que el libro esté diseñado al estilo de un comic-book americano, con páginas que en su mayoría están divididas en seis viñetas iguales (la Gran Kirby) debería ser una complicación para un autor francés, pero Bonhomme logra que esto juegue a su favor, con habilidad maradoniana.
Al final, me dio la sensación de que los autores se quedaron cortos, que había más para contar, que esos personajes ya habían cobrado vida propia y tenían todo para seguir desarrollándose. Y no estaba muy errado: años más tarde, Trondheim y Bonhomme realizaron una secuela, a la que ya tengo en mi lista de material a capturar, vivo o muerto.
Mi interminable recorrido por el material editado en Argentina en 2016 me lleva ahora a Sereno, la primera obra como autor integral de Luciano Vecchio, consagradísimo dibujante hasta hace poco bastante desconocido acá en su país. Sereno es un comic dibujado de manera formidable, con un aprovechamiento increíble del color, de la puesta en página y del trazo limpio, elegante, poderoso y carismático que caracteriza a Vecchio. El diseño de los personajes es brillante, al igual que el de la ciudad futurista en la que transcurre la historia (y a la que estaría bueno ver un poco más, es decir, tener más secuencias en las que Vecchio se luzca también dibujando fondos). Visualmente, Sereno ofrece un montón de emociones maravillosas que muy pocos comics hechos en Argentina te pueden ofrecer.
Los guiones de Vecchio combinan con mucha solvencia la acción con la introspección. Hay machaca, como en todo comic de superhéroes, pero no pasa todo por ahí. También hay un montón de conceptos que tienen que ver con el alma, la luz interior, la trascendencia… cosas que parecen clásicas fumanchereadas de la New Age, muy bien mezcladas con un despliegue de superpoderes grandilocuentes al estilo Saint Seiya o Dragon Ball (los nombres de los ataques son fabulosos) y con elementos de una metafísica más rara, más moderna, más retorcida, más cerca de Grant Morrison que de Jodorowsky.
Episodio a episodio, Vecchio puebla al universo de Sereno con un montón de personajes (buenos, malos, más o menos) y conceptos realmente fascinantes, de modo que cuando llegás al final del tomo te queda una sóla opción: querer que se edite YA más material de este personaje, y rezar para que Vecchio produzca muchísimas historias más de Sereno sin renunciar nunca a la enorme sensibilidad autoral ni a la pasmosa calidad gráfica de esta primera entrega.
Y bueno, hasta acá llegamos por hoy. Ni bien tenga más material leído, lo comentamos por acá. Gracias y hasta pronto.

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